Mapeo de daños
Se levanta un plano de la fachada marcando pieza a pieza el tipo de deterioro y el tratamiento que le corresponde.
La restauración de piedra de marès consiste sobre todo en no hacerle lo que no tolera: es una arenisca porosa y blanda que admite muy mal el cemento, la pintura plástica y el chorreado agresivo.


El marès es la piedra con la que se ha construido buena parte de Mallorca: una arenisca calcárea extraída en canteras de la propia isla, blanda, muy porosa y fácil de labrar.
Esas mismas cualidades que la hicieron popular son las que la hacen vulnerable, porque absorbe agua con facilidad y todo lo que el agua lleve disuelto se queda dentro.
El deterioro típico no es la grieta sino la disgregación: el sillar pierde material en forma de arenilla, se redondean las aristas, aparecen alveolos que van vaciando la pieza y en las zonas bajas se forma una costra que se desprende en placas.
En fachadas litorales el proceso se acelera porque la sal cristaliza dentro del poro y trabaja como una cuña.
La mala noticia es que la mayoría de las intervenciones que se ven en la isla han empeorado la piedra: rejuntados de cemento, pinturas plásticas que la sellan y chorreados que le arrancan la capa exterior.
La buena es que hacerlo bien no es más caro, solo requiere criterio. Es la parte más delicada de cualquier reforma de la envolvente del edificio cuando la fachada es de piedra vista.
Casi todo el daño que vemos combina un factor ambiental con una intervención anterior mal resuelta.

El agua entra en la piedra cargada de sales —cloruros del ambiente marino, sulfatos, nitratos del terreno— y al evaporarse las deja cristalizando dentro.
El cristal ocupa más volumen que la disolución y ejerce una presión que revienta el poro desde dentro. Repetido durante años, disgrega el sillar y forma esos alveolos característicos que parecen una esponja.
Los sillares de la parte baja absorben agua del terreno por capilaridad y se convierten en la zona más castigada de toda la fachada: es donde primero aparece la pérdida de material y donde el daño avanza más rápido.
Tratar la piedra sin cortar antes esa entrada de agua es tirar el dinero, igual que ocurre con cualquier humedad por capilaridad.
Es el error más extendido. El mortero de cemento es más duro e impermeable que la piedra, así que el agua que entra ya no puede salir por la junta y sale por el sillar, concentrando ahí toda la evaporación y toda la sal.
El resultado es una fachada con las juntas intactas y las piedras comidas justo en los bordes. La restauración correcta emplea morteros de cal, más blandos y permeables que la piedra.
El chorreado con arena a presión arranca la costra superficial endurecida que protege el sillar y deja el interior blando a la intemperie, acelerando la pérdida de material.
Las pinturas plásticas hacen lo contrario y también fallan: cierran el poro, atrapan la humedad dentro y acaban desprendiéndose arrastrando piedra. Sobre marès solo tienen sentido los tratamientos que dejan respirar el material, no la pintura convencional de fachada.
El principio de la restauración es intervenir lo mínimo necesario y de forma reversible. Antes de sustituir un sillar se valora si puede consolidarse: si conserva su forma y solo ha perdido cohesión superficial, un consolidante adecuado devuelve resistencia sin cambiar el aspecto ni sellar el poro.
La sustitución se reserva para piezas que han perdido tanto material que ya no cumplen función o cuyo deterioro compromete a las contiguas.
En ese caso se repone con marès de cantera compatible en grano, color y dureza, respetando el despiece original. Un sillar nuevo demasiado duro concentra tensiones y termina dañando a sus vecinos.
Entre ambas opciones está la reintegración volumétrica con mortero de restauración teñido en masa, que rellena pérdidas puntuales sin desmontar la pieza. Es la solución habitual en aristas comidas y en alveolos profundos, y admite un acabado que no destaca desde la calle.

Correspondencia entre lo que se ve en el sillar y la intervención que admite cada caso.
| Deterioro visible | Mecanismo | Tratamiento | Cuándo no sirve |
|---|---|---|---|
| Arenización: la piedra suelta polvo al tocarla | Pérdida de cohesión superficial | Consolidante compatible aplicado por saturación | Si la pérdida de sección supera unos centímetros |
| Alveolos y cavidades | Cristalización de sales en el poro | Desalación y reintegración con mortero de restauración | Si el alveolo atraviesa la pieza |
| Costra endurecida que se desprende en placas | Sales y contaminación bajo una capa dura | Retirada controlada y consolidación del soporte | Nunca con chorreado a presión |
| Aristas y molduras perdidas | Erosión mecánica y de sales | Reintegración volumétrica o labra de pieza nueva | Si afecta a un elemento portante |
| Juntas de cemento con sillares comidos al borde | Evaporación forzada a través de la piedra | Retirada de la junta y rejuntado con mortero de cal | Si se sustituye por otro mortero rígido |
La elección del consolidante y del mortero depende del tipo de marès y de su estado. En fachadas protegidas, además, el tratamiento debe ajustarse a lo que autorice la administración competente.
Secuencia habitual de trabajo, siempre precedida de la eliminación de la fuente de humedad.
Se levanta un plano de la fachada marcando pieza a pieza el tipo de deterioro y el tratamiento que le corresponde.
Agua nebulizada a baja presión, cepillo blando o microabrasivo controlado. Nunca chorreado agresivo sobre la piedra.
Apósitos de pulpa que extraen por absorción las sales acumuladas en el interior del poro antes de consolidar.
Producto compatible aplicado hasta saturación que devuelve cohesión sin cerrar la porosidad del sillar.
Mortero de restauración teñido en masa para pérdidas puntuales y sillar nuevo cuando la pieza no se puede salvar.
Protección final que repele el agua líquida y deja salir el vapor, con revisión periódica del tratamiento.
Valoramos el estado de la piedra y te proponemos consolidar, sustituir o proteger según cada pieza.
Fachadas de piedra recuperadas con criterios de restauración. Son intervenciones tipo: describen cómo se resuelve cada caso, no obras con cliente identificado.

Retirada del rejuntado rígido, desalación de la base del muro, consolidación y reposición de las piezas irrecuperables.
Ver la ficha del proyecto

Recuperación del perfil original de jambas y cornisas con mortero de restauración teñido en masa.
Ficha en preparación

Corte de la humedad y posterior tratamiento de la piedra: sin resolver el origen, la restauración no dura.
Ficha en preparación
Con pintura plástica, no: cierra el poro, atrapa la humedad dentro del sillar y acaba desprendiéndose llevándose piedra. Si por el estado de la fachada hay que dar color, solo son admisibles los acabados minerales muy transpirables, y aun así se pierde el aspecto de piedra vista.
Con agua nebulizada a baja presión y cepillo de cerda blanda, dando tiempo a que la suciedad se reblandezca, o con microabrasivo de grano fino y presión controlada en zonas concretas. Lo que nunca debe usarse es el chorreado de arena a presión ni los ácidos de limpieza de obra.
Toda obra en fachada requiere la licencia municipal que corresponda. Si además el edificio está catalogado o dentro de un conjunto histórico, la intervención necesita autorización específica y hay condiciones sobre materiales, acabados y despiece. Conviene consultarlo antes de definir el presupuesto.
Depende mucho de la exposición: en una fachada interior protegida puede mantenerse bastantes años, mientras que en primera línea el efecto se acorta de forma apreciable. Se comprueba fácilmente echando agua sobre la piedra: cuando deja de perlar y empieza a absorber, toca renovar.
Si la pieza conserva su forma y solo ha perdido cohesión superficial, consolidar es más barato, más rápido y conserva el material original. La sustitución se justifica cuando la pérdida de sección es grande o cuando el deterioro de un sillar está comprometiendo a los de alrededor.
Revisamos el estado de los sillares, identificamos el origen de la humedad y te proponemos un tratamiento compatible con el marès, no contra él.