Corrosión de armaduras
El agua es el vehículo que lleva los cloruros hasta el acero. Fachada seca, armadura protegida.
Una buena impermeabilización de fachadas empieza por saber por dónde entra el agua: lo hace de cuatro formas distintas y cada una se corrige con un producto diferente.
Primero localizamos por dónde entra el agua; después aplicamos el sistema que corrige esa vía concreta.
Antes de elegir producto localizamos el punto exacto por donde entra el agua en la fachada. Inspeccionamos de cerca, medimos la humedad del muro y, si hace falta, hacemos una prueba de agua para confirmar la vía de entrada.
El hidrofugado es un tratamiento incoloro que repele el agua de lluvia sin cambiar el aspecto del muro y resulta invisible una vez seco. Está indicado para ladrillo y piedra vista y deja transpirar el soporte, de modo que la humedad interior puede salir.
En fachadas con microfisuración aplicamos una membrana elástica que puentea las fisuras e impide que el agua penetre por ellas. Acompaña la dilatación del soporte con los cambios de temperatura y deja además un acabado en color.
Las juntas de ventanas y balcones son una de las vías por donde entra la lluvia batiente. Retiramos el sellado viejo, colocamos fondo de junta para controlar la profundidad y aplicamos masilla elástica que absorbe el movimiento de la carpintería.
Frentes de forjado, cornisas y vuelos son los encuentros donde el agua encuentra camino hacia el interior. Sellamos las juntas de dilatación, añadimos goterones que cortan el recorrido del agua y revisamos albardillas y vierteaguas.
Cuando la humedad sube desde el terreno, inyectamos un producto en la base del muro que forma una barrera y corta la ascensión capilar. Después saneamos los revocos afectados por sales y humedad para que el arranque de la fachada se seque.
Buscamos el punto de entrada antes de presupuestar: el producto correcto depende de por dónde entra el agua.

Una fachada no se moja igual en octubre que en marzo. En Mallorca el problema no es la cantidad de lluvia anual, que es moderada, sino cómo llega: episodios cortos e intensos, con viento de componente sur o levante que empuja el agua contra el paramento en horizontal.
Esa lluvia batiente encuentra cualquier fisura, cualquier junta abierta y cualquier poro del revestimiento, y entra.
Impermeabilizar no es dar una mano de producto por encima. Es identificar la vía de entrada —fisuración, junta de carpintería degradada, revestimiento carbonatado, capilaridad desde el terreno— y aplicar la solución que corresponde a cada una.
Si se tapa todo con una película impermeable sin resolver el origen, la humedad queda atrapada dentro del muro y aparece en otro sitio, normalmente por dentro y en forma de moho.
Trabajamos con productos que repelen el agua líquida pero dejan salir el vapor. Es la única forma de que el muro se seque después de un temporal.
Este tratamiento suele ir junto a la reparación de fisuras y al sellado de juntas dentro de una rehabilitación integral de fachadas, porque impermeabilizar sobre una grieta viva no sirve de nada.
Lluvia batiente sobre revestimiento poroso. El agua atraviesa el mortero o la pintura envejecida y satura el muro. Se corrige con hidrofugante de silano-siloxano, que penetra en el poro y lo hace repelente sin formar película.
Fisuración. El agua entra por grietas de retracción o de dilatación. Aquí el hidrofugante no basta: hay que abrir, sellar y aplicar un revestimiento con capacidad de puenteo antes de cualquier tratamiento superficial.
Juntas y encuentros. Perímetro de ventanas, juntas de dilatación, encuentros con cubierta o con vierteaguas. Es la causa más frecuente de una mancha localizada dentro de una vivienda concreta. Se resuelve con sellado elástico y, si hace falta, con un nuevo goterón.
Capilaridad. El agua sube desde el terreno por los poros del muro y deja una franja de humedad y eflorescencias en la parte baja. Se trata con barrera química inyectada y saneado del zócalo, nunca con pintura impermeable.

El criterio es siempre el mismo: la mínima intervención que resuelve el problema de raíz, con la máxima transpirabilidad compatible.

Se aplican por saturación sobre soportes minerales: mortero, ladrillo cara vista, piedra y hormigón. Penetran unos milímetros y recubren el poro sin obturarlo, de modo que el agua líquida resbala y el vapor sigue saliendo.
Son incoloros, no cambian el aspecto de la fachada y duran entre 8 y 12 años según exposición. No sirven sobre fachadas ya pintadas con película continua.
Cuando hay microfisuración generalizada, el hidrofugante no cierra el paso. Se usa un revestimiento acrílico o siloxánico elástico capaz de puentear fisuras de hasta 1 o 2 mm y de acompañar los movimientos térmicos del paño. Exige preparación previa del soporte y una imprimación adecuada.
Se perfora el muro a intervalos regulares en la base y se inyecta una resina que crea una barrera continua. Después se pica el revestimiento afectado por sales y se repone con mortero de saneamiento poroso, que deja evaporar la humedad residual del muro mientras se seca.
El agua es el vehículo que lleva los cloruros hasta el acero. Fachada seca, armadura protegida.
Las humedades que aparecen en el salón después de cada temporal casi siempre entran por fuera.
Un muro saturado de agua pierde capacidad aislante y enfría la vivienda.
Ciclos de humectación y secado que arrastran el mortero y desprenden la pintura.
El agua disuelve sales del interior del muro y las deposita en la superficie al evaporarse.
Tratar el agua cuesta una fracción de lo que cuesta reparar lo que el agua rompe.
| Situación del soporte | Sistema | Transpirable | Duración estimada |
|---|---|---|---|
| Mortero o ladrillo sano, sin fisuras | Hidrofugante de silano-siloxano | Sí | 8-12 años |
| Microfisuración generalizada | Revestimiento elástico con puenteo | Parcial | 10-15 años |
| Fisuras vivas de más de 1 mm | Apertura, sellado y refuerzo previos | Según acabado | Según acabado |
| Filtración localizada en un hueco | Sellado perimetral y goterón nuevo | Sí | 8-10 años |
| Humedad en la franja inferior del muro | Barrera química y mortero de saneamiento | Sí | Permanente si se ejecuta bien |
| Piedra natural o marès | Consolidación e hidrofugado específico | Sí | 6-10 años |
En fachadas expuestas a poniente y a sur la duración baja: la radiación ultravioleta degrada antes cualquier tratamiento superficial.
Una filtración que se deja pasar varios inviernos termina en óxido, desprendimientos y una obra mucho mayor.
Localizamos el punto de entrada real, que rara vez coincide con el lugar donde se ve la mancha.
Retirada de restos, biocida si hay colonización biológica y secado del paramento.
Sellado de fisuras, saneado de zonas huecas y reposición de mortero donde falte.
Hidrofugante por saturación o revestimiento elástico, según lo diagnosticado.
Vierteaguas, goterones, juntas y perímetros de carpintería, uno por uno.
Ensayo de escorrentía en la zona crítica y entrega de la ficha técnica de los productos aplicados.



El diagnóstico completo: por qué aparece la mancha y de dónde viene el agua.

Reparación previa obligatoria cuando el agua entra por una fisura viva.

El acabado que remata y protege el tratamiento impermeabilizante.
Una pintura de fachada normal reduce la absorción, pero no impermeabiliza. Las elastómeras sí crean una barrera y puentean microfisuras, aunque a cambio pierden transpirabilidad. Si el muro tiene humedad atrapada o capilaridad sin resolver, esa barrera empeora las cosas: el agua acaba saliendo por dentro o levantando la propia pintura.
Entre 8 y 12 años en fachadas protegidas, y algo menos en las orientaciones sur y oeste, donde la radiación ultravioleta lo degrada antes. Es un tratamiento invisible que no avisa cuando caduca: la forma de comprobarlo es tirar agua sobre el paramento y ver si perla o si absorbe.
Puede serlo, pero no siempre. Las tres causas habituales son filtración desde el exterior, condensación superficial por falta de aislamiento y una fuga de instalación. Se distinguen por la forma de la mancha, por el momento en que aparece y por dónde está: si sale siempre después de llover y con viento, la fachada es la principal sospechosa.
En muchos casos sí. Los tratamientos superficiales y los sellados puntuales se ejecutan perfectamente por descuelgue vertical, lo que abarata bastante la obra en edificios altos. Si hay que picar y reponer mortero en superficies grandes, el andamio vuelve a ser la opción razonable.
Entregamos por escrito la garantía del sistema aplicado, con la ficha técnica de cada producto y las condiciones de mantenimiento que la mantienen vigente. Lo que no cubre ninguna garantía es un movimiento estructural nuevo: si aparece una grieta viva después, es otro problema y se diagnostica aparte.
Subimos, localizamos por dónde entra el agua y te decimos qué tratamiento necesita cada zona. Sin coste y sin compromiso.