Pendientes y estancamientos
Las zonas donde el agua tarda días en desaparecer marcan dónde va a fallar la lámina.
La impermeabilización de cubiertas es la que más falla y la que menos se revisa: cuando la mancha aparece en el techo del último piso, la lámina lleva años agotada.
Renovamos la membrana completa cuando hace falta y reparamos el punto concreto cuando basta con eso.
Renovamos por completo la impermeabilización de cubiertas planas no transitables sobre el soporte previamente saneado. Corregimos las pendientes para que el agua no se embalse y aplicamos lámina o membrana líquida con protección frente a la radiación solar.
En terrazas de uso diario la impermeabilización va bajo el pavimento. Levantamos el solado existente, colocamos la membrana sobre el soporte preparado y terminamos con un nuevo acabado transitable que protege la lámina y permite seguir usando la terraza.
Por sumideros y rebosaderos entra buena parte del agua de una cubierta plana. Reponemos las cazoletas, las sellamos con la membrana, instalamos un rebosadero de seguridad para cuando el desagüe se obstruye y limpiamos las bajantes.
Los remates verticales, las juntas de dilatación y los encuentros con casetones son los puntos donde más falla una cubierta. Damos a la membrana una entrega suficiente en el peto, resolvemos las juntas de dilatación y sellamos las albardillas.
En la cubierta invertida colocamos placas de XPS sobre la membrana, de forma que el aislante la protege del sol y de los golpes. Además reduce el calor que llega al último piso en verano y alarga la vida de la impermeabilización.
Inspeccionamos la cubierta antes de las lluvias de otoño para detectar fallos cuando todavía son pequeños y baratos de corregir. Revisamos sumideros y el estado de la membrana y entregamos un informe con fotografías de lo que conviene reparar.
Localizamos por dónde entra el agua antes de proponer nada: a veces basta con reparar un encuentro y no hay que rehacer la cubierta.

Las cubiertas planas de los edificios mallorquines de los años 60 y 70 se resolvieron con láminas asfálticas de la época y pendientes justas.
Cincuenta años de sol directo después, el material ha perdido plastificantes, se ha vuelto quebradizo y se ha agrietado en los puntos de mayor movimiento: petos, sumideros y encuentros con chimeneas. Mientras no llueve fuerte, nadie se entera.
El problema llega en otoño. Un episodio de gota fría descarga en una hora lo que en otras zonas cae en un mes, los sumideros se saturan, el agua se acumula por encima de los remates y encuentra cualquier punto débil.
La filtración aparece en el techo de la última planta, casi nunca justo debajo del punto de entrada, porque el agua circula por el forjado antes de salir.
Nuestra intervención empieza por localizar la entrada real y valorar si la cubierta admite reparación o necesita renovación completa. Parchear una lámina que ya ha perdido elasticidad es dinero tirado: aguanta un invierno.
Esta partida forma parte casi siempre de la obra completa que ejecutamos como empresa de rehabilitación en Mallorca, porque cubierta y fachada se degradan al mismo ritmo.
En las cubiertas que revisamos, más de dos tercios de las filtraciones se originan en tres puntos concretos: el encuentro de la lámina con el peto, el embocado del sumidero y los pasos de instalaciones.
Son los sitios donde la impermeabilización deja de ser una superficie continua y depende de un remate bien hecho.
El peto es el más habitual. La lámina debe subir por la cara interior del antepecho y rematarse mecánicamente con un perfil o quedar embebida en una roza.
Cuando solo está pegada y el sol la castiga verano tras verano, se despega por gravedad y deja un canal por donde el agua entra directa al forjado.
Los sumideros fallan por dos motivos: sección insuficiente para las lluvias torrenciales de aquí y falta de mantenimiento. Una cazoleta obstruida por hojas convierte la cubierta en una piscina de diez centímetros que supera la altura de cualquier remate.
Revisar y limpiar los desagües antes del otoño es la medida más barata que existe, y la explicamos en la guía de revisión de cubiertas antes de las lluvias.


Sistema clásico y fiable en cubierta no transitable o bajo protección pesada de grava. Se colocan en doble capa con solapes soldados y refuerzos en los encuentros.
Las SBS mantienen mejor la flexibilidad a baja temperatura; las APP resisten mejor el calor sostenido, que aquí es el factor determinante.
Membrana continua sin juntas que cura en segundos y admite tránsito peatonal. Es la solución cuando la geometría de la cubierta es complicada, con muchos pasos de instalaciones o petos irregulares. Exige un soporte perfectamente preparado y aplicador especializado: no perdona la improvisación.
Se aplican en frío con rodillo o llana, con armadura de malla en los puntos críticos. Permiten impermeabilizar sobre el pavimento existente en terrazas, evitando el desescombro. Buena opción en terrazas de vivienda unifamiliar donde levantar la baldosa dispararía el presupuesto.
La configuración recomendable cuando además se busca mejora térmica: primero la impermeabilización sobre el soporte, después el aislamiento de XPS y encima la protección de grava o baldosa flotante.
El aislante protege a la lámina de la radiación y de los cambios bruscos de temperatura, que es lo que la envejece.
Las zonas donde el agua tarda días en desaparecer marcan dónde va a fallar la lámina.
Sección, estado de la cazoleta y existencia de un aliviadero de seguridad en el peto.
El remate superior de la lámina, los pasos de instalaciones y las juntas de dilatación.
Si el forjado está afectado por la filtración, hay que reparar antes de impermeabilizar.
Aprovechar la obra para aislar cuesta poco más y cambia el confort de la última planta.
Grava, baldosa flotante o acabado con protección ultravioleta según el uso previsto.
Orientación de coste y prestaciones para una cubierta plana de comunidad en Mallorca.
| Sistema | Coste orientativo | Transitable | Vida útil estimada |
|---|---|---|---|
| Doble lámina asfáltica bajo grava | 45-65 €/m² | No | 20-25 años |
| Lámina asfáltica con baldosa flotante | 60-85 €/m² | Sí | 20-25 años |
| Poliurea proyectada | 55-80 €/m² | Sí | 15-20 años |
| Resina de poliuretano sobre pavimento | 40-60 €/m² | Sí | 10-15 años |
| Cubierta invertida con XPS | 75-100 €/m² | Según acabado | 25-30 años |
Sin desescombro ni reparación estructural del soporte. Si hay que retirar el pavimento existente y las capas de formación de pendientes, súmale entre 15 y 25 €/m².
Una revisión a tiempo cuesta mucho menos que reparar techos, pinturas y vigas después de un episodio de lluvia intensa.
Localizamos el punto de entrada y comprobamos hasta dónde llega el agua en el forjado.
Desmontaje de las capas agotadas y reparación del soporte donde el agua lo haya dañado.
Corrección de contrapendientes y estancamientos para que el agua llegue al sumidero.
Sistema elegido, con refuerzos en petos, sumideros, esquinas y pasos de instalaciones.
Inundación controlada durante 24-48 horas antes de colocar la protección final.
Grava, baldosa flotante o acabado con protección ultravioleta, y remate superior mecánico.



Cómo distinguir una filtración de cubierta de una condensación o de una fuga.

La otra mitad de la envolvente: agua que entra en horizontal, no desde arriba.

Cuando la cubierta es una partida más de una obra completa de comunidad.
En terrazas sí, con resinas de poliuretano aplicadas sobre la baldosa existente, siempre que esté bien adherida y las pendientes sean correctas. Se ahorra el desescombro y varios días de obra. En cubiertas de comunidad con la lámina agotada y humedad atrapada bajo el pavimento, levantar es lo único que resuelve.
Entre 15 y 25 años según sistema y protección. El factor que más acorta la vida útil es la radiación directa: una membrana protegida con grava o con aislamiento por encima dura casi el doble que la misma membrana expuesta al sol. Por eso, cuando el presupuesto lo permite, siempre proponemos protegerla.
Depende del estado general. Si la lámina conserva flexibilidad y el fallo es un remate concreto, la reparación puntual es razonable y dura años. Si el material ya está cuarteado y quebradizo, cada parche traslada el problema al metro siguiente: ahí lo honesto es decir que toca renovar.
Sí, organizando la obra por sectores y dejando siempre un paso protegido. En cubiertas con tendederos comunitarios avisamos con antelación de los días en que cada zona quedará inutilizable, para que nadie se encuentre la ropa bajo el polvo.
Siempre que la cubierta permita inundarse sin riesgo para el forjado. Se taponan los sumideros, se llena unos centímetros y se mantiene entre 24 y 48 horas comprobando el techo inferior. Es la única forma seria de entregar una cubierta: si hay un fallo, aparece ahí y no dentro de seis meses.
Revisamos la cubierta, localizamos el punto de entrada y te decimos si toca reparar o renovar. Antes de que llegue el próximo temporal.