Elimina los puentes térmicos
El aislamiento pasa por delante de forjados y pilares: desaparecen las bandas frías y el moho de las esquinas.
El aislamiento térmico SATE envuelve el edificio por fuera con un acabado continuo: no pierdes metros dentro de casa, no hay que entrar en las viviendas y desaparecen los puentes térmicos de los forjados.
El sistema completo, del estudio del soporte al acabado, y los remates que deciden si funciona o no.
Antes de colocar una sola placa comprobamos la adherencia, la planeidad y la humedad del muro. Con pruebas de adherencia y detección de zonas huecas decidimos si hace falta un saneado previo para que el sistema quede bien anclado.
El poliestireno expandido con grafito es la solución habitual en bloques de viviendas por su relación entre aislamiento y espesor. Las placas van adheridas y espigadas, con un espesor calculado para el edificio y armadas con malla de fibra de vidrio.
En edificios altos o con mayor exigencia frente al fuego usamos lana mineral, un aislante no combustible. Además de aislar del calor, mejora el aislamiento acústico frente al ruido exterior y es muy transpirable, lo que favorece la salida del vapor.
El arranque del sistema se resuelve con poliestireno extruido, que resiste la humedad y los golpes a pie de calle. Lo montamos sobre un perfil de arranque y lo protegemos frente a la humedad que sube por capilaridad desde el terreno.
Jambas, alféizares, cajas de persiana y esquinas son los puntos donde el SATE falla si se improvisa. Los resolvemos con perfiles con goterón, cantoneras de refuerzo y sellado de los encuentros con carpinterías y otros elementos de la fachada.
El sistema termina con un revestimiento continuo, fratasado o liso, en el tono que apruebe la comunidad, de modo que el edificio estrena fachada. Recomendamos tonos claros, que absorben menos radiación solar y reducen las tensiones térmicas sobre el aislante.
Medimos la fachada, revisamos el soporte y te proponemos el aislante y el espesor que tienen sentido en tu caso.

SATE son las siglas de sistema de aislamiento térmico por el exterior. Consiste en adherir y fijar mecánicamente placas de aislante sobre la fachada existente, embeberlas en una capa de mortero con malla de fibra de vidrio y terminar con un revestimiento continuo.
El resultado es una envolvente sin interrupciones: el aislamiento pasa por delante de los frentes de forjado, de los pilares y de los antepechos, que son justo los puntos por donde se escapa el calor en un edificio convencional.
Frente al aislamiento por el interior tiene tres ventajas que en una comunidad pesan mucho. No se pierde superficie útil dentro de las viviendas, no hay que entrar en ninguna casa para ejecutarlo y la inercia térmica del muro queda del lado caliente, lo que amortigua las puntas de temperatura.
Frente a la fachada ventilada es bastante más barato por metro cuadrado, aunque no admite los mismos espesores ni resuelve igual la exposición extrema.
El sistema funciona si se ejecuta bien. La mayoría de patologías que vemos en SATE mal puestos vienen de tres errores: no resolver el arranque a nivel de suelo, no reforzar las esquinas de los huecos y aplicar el acabado sobre un soporte que no se saneó.
Antes de colocar nada comprobamos que el soporte aguanta, y si hay armaduras oxidadas se reparan primero: poner aislamiento encima de un hormigón que sigue corroyéndose es enterrar el problema.
Puedes ver el resto de nuestros trabajos de rehabilitación en la isla para entender cómo encaja esta partida en una obra completa.
El SATE se adhiere al soporte existente. Si ese soporte tiene el revestimiento hueco, humedad activa o armaduras en proceso de corrosión, el sistema acabará desprendiéndose por mucho que el fabricante garantice el material.
Por eso la primera visita se dedica a golpear la fachada, hacer catas donde suena a hueco y comprobar el estado real del hormigón.
Cuando aparece óxido activo, la reparación va antes que el aislamiento y es una partida propia: saneado hasta acero limpio, pasivado y reconstrucción con mortero estructural.
Es lo que explicamos en salitre y corrosión de armaduras, y en edificios cercanos al mar aparece en la mitad de los presupuestos.
También revisamos los vuelos. Un balcón o una cornisa que sobresale obliga a resolver el encuentro del aislamiento con un retranqueo, un goterón nuevo y a veces un remate metálico. Ignorarlo es la vía rápida a que el agua entre por detrás del sistema.

Un SATE no es un producto, es un sistema con marcado ETE en el que todas las capas deben ser compatibles entre sí. Estas son las decisiones que se toman en cada obra.

En Mallorca, entre 60 y 100 mm cubre la práctica totalidad de los casos. Por debajo de 50 mm el ahorro no compensa el coste fijo del montaje; por encima de 120 mm el retorno se alarga y aparecen problemas de encuentro con ventanas y vuelos. El espesor se decide con el cálculo de demanda, no por costumbre.
Adhesivo en toda la superficie o por bandas y puntos, más espigas de fijación mecánica según altura y exposición al viento.
La malla de fibra de vidrio se embebe en la capa base y se refuerza en diagonal en las esquinas de puertas y ventanas, que es donde aparecen las fisuras si el trabajo se hace deprisa.
Revestimiento acrílico, siloxánico o mineral, según exposición. Junto al mar priorizamos siloxánicos por su resistencia a la sal y su transpirabilidad.
El color importa más de lo que parece: en fachadas soleadas evitamos índices de reflectancia bajos, porque un tono oscuro sobre SATE puede alcanzar temperaturas que dilatan el sistema y acaban fisurando el acabado.
El aislamiento pasa por delante de forjados y pilares: desaparecen las bandas frías y el moho de las esquinas.
Todo se ejecuta desde el exterior. Las viviendas mantienen su superficie útil íntegra.
El sistema termina en un revestimiento continuo: la mejora estética va incluida en la partida.
El muro queda protegido de la radiación directa y deja de acumular calor para soltarlo de noche.
Los acabados siloxánicos repelen la lluvia batiente y dejan salir la humedad interior.
Una revisión de juntas y remates cada pocos años, y repintado cuando toque.
Comparativa orientativa para una fachada de bloque de viviendas en Mallorca.
| Sistema | Coste orientativo | Reducción de demanda | Cuándo tiene sentido |
|---|---|---|---|
| SATE (EPS 80 mm + acabado) | 75-110 €/m² | 30-45 % | Caso general: comunidades que quieren aislar y renovar imagen a la vez |
| Fachada ventilada | 150-220 €/m² | 35-50 % | Exposición extrema, edificios altos o cuando se busca una imagen concreta |
| Aislamiento por el interior | 35-55 €/m² | 15-25 % | Viviendas sueltas cuando la comunidad no actúa |
| Inyección en cámara de aire | 20-35 €/m² | 10-20 % | Solo si existe cámara continua y accesible; no resuelve puentes térmicos |
| Solo pintura térmica | 18-30 €/m² | Marginal | No es una alternativa: no aísla, solo refleja parte de la radiación |
Precios orientativos de material y mano de obra, sin medios auxiliares ni IVA. El andamio suma entre 12 y 20 €/m² según altura y ocupación de vía pública.
En la visita revisamos los puntos críticos de tu fachada y te explicamos qué cambia con el sistema, partida por partida.
Se pica lo hueco, se reparan armaduras si las hay y se nivela el soporte para que las placas apoyen sin alabeos.
Se replantea la línea de arranque y se coloca el perfil que apoya la primera hilada y protege el canto inferior.
Placas a matajunta, adheridas y fijadas mecánicamente, con las esquinas entrelazadas.
Mortero con malla de fibra de vidrio embebida, con refuerzos en diagonal sobre esquinas de huecos.
Perfiles de esquina, vierteaguas, goterones en vuelos y sellado de encuentros con carpintería.
Imprimación y revestimiento decorativo en el color y la granulometría elegidos, con muestra previa aprobada.



El proyecto global en el que el SATE es la partida principal.

Por qué aparece moho en las esquinas y cómo lo corrige el aislamiento continuo.

Cuando el edificio no necesita aislar, solo renovar la capa de protección.
Entre 75 y 110 €/m² para un sistema con EPS de 80 mm y acabado siloxánico, sin medios auxiliares ni IVA. El andamio añade entre 12 y 20 €/m² según altura y si hay que ocupar vía pública. Lo que dispara el precio no es el aislante, son las reparaciones previas: si aparecen armaduras oxidadas o hay que reconstruir vuelos, esa partida puede igualar el coste del propio sistema.
Sí, con matices. Hay que elegir acabado y fijaciones resistentes a la corrosión, cuidar especialmente el sellado de remates y asegurarse de que debajo no queda hormigón contaminado por cloruros. En edificios muy expuestos y de mucha altura, a veces sale más razonable una fachada ventilada, aunque cueste el doble.
Un sistema bien ejecutado supera los 25 años. El mantenimiento es una revisión visual cada dos o tres años de juntas, remates y encuentros con carpintería, más un repintado cuando el acabado pierda color, normalmente entre los 10 y los 15 años. No es una fachada que se abandona: es una que se revisa.
Depende del acabado. Los revestimientos minerales y siloxánicos son permeables al vapor y permiten que la humedad interior salga. Un acrílico cerrado sobre un muro húmedo puede provocar problemas. Por eso, cuando hay humedad de capilaridad o filtraciones sin resolver, primero se corrige el origen y después se aísla.
La fachada es elemento común, así que la decisión es de la comunidad. Aislar solo el paño de un piso, además de necesitar autorización, crea un escalón visible en la fachada y deja el puente térmico del forjado sin resolver, con lo que el resultado térmico es muy inferior al esperado.
Medimos la fachada, comprobamos el estado del soporte y te damos el precio por metro cuadrado con el espesor que necesita tu edificio, no el que sale más barato de poner.