Testigo y seguimiento
Fisurómetro o testigo fechado durante semanas para saber si el movimiento continúa antes de gastar en reparación.
Las grietas en fachadas cuentan qué las ha provocado por su trazado, su ancho y su orientación. Leerlas bien evita dos errores caros: alarmarse por una fisura inofensiva y tapar una que sigue moviéndose.


Una fisura es una rotura del revestimiento que no llega al soporte; una grieta atraviesa el muro y afecta a su capacidad de trabajo.
La diferencia no es de tamaño sino de profundidad, aunque como regla de campo por debajo de un milímetro de ancho casi siempre hablamos de fisura y por encima de tres conviene mirar con lupa.
Lo que de verdad clasifica el problema es el trazado. Una grieta diagonal que arranca de la esquina de un hueco apunta a un asiento diferencial o a un dintel sobrecargado.
Un mapa de fisuras finas y ramificadas, tipo piel de cocodrilo, suele ser retracción del mortero y es cosmético. Una fisura horizontal continua a la altura del forjado casi siempre es dilatación térmica del canto, y esa merece atención porque es la antesala del desprendimiento.
Antes de sellar nada hay que saber si la grieta está viva. Si sigue moviéndose, cualquier masilla rígida se romperá otra vez en el primer verano. Como especialistas en fachadas de Mallorca, lo primero que hacemos es datarla y comprobar su actividad; el sellado viene después.
Cinco causas explican la práctica totalidad de las grietas que vemos en el parque residencial de la isla.

El hormigón y el mortero se dilatan con el calor y se contraen al enfriarse. En una fachada orientada a poniente, la temperatura superficial puede pasar de 20 °C de madrugada a más de 50 °C a media tarde en agosto: ese ciclo diario, repetido durante décadas, abre fisuras horizontales en los frentes de forjado y verticales en los paños largos sin junta de dilatación.
Los edificios de los años sesenta y setenta se construyeron sin juntas o con juntas insuficientes, y por eso concentran este tipo de fisuración.
Cuando una parte del edificio baja más que otra aparecen grietas diagonales, más anchas por un extremo que por el otro, arrancando de las esquinas de ventanas y puertas.
Es la única familia de grietas que puede indicar un problema estructural de verdad y la que obliga a llamar a un técnico antes de tocar nada.
El acero oxidado ocupa hasta siete veces el volumen del acero sano. Cuando la armadura de un canto de forjado o de un pilar empieza a corroerse, empuja el hormigón desde dentro y lo abre en fisuras paralelas a la barra, con manchas de óxido y, más adelante, con el recubrimiento saltando en lascas. En ese punto ya no es una grieta: es el paso previo a un desprendimiento de material.
El mortero pierde agua al fraguar y encoge. Si el paño es grande, el espesor irregular o el soporte demasiado absorbente, aparece el mapa de fisuras finas típico.
No compromete nada, pero sí abre la puerta al agua: por una fisura de dos décimas de milímetro entra suficiente agua para saturar el muro en un temporal.
Una grieta muerta ha dejado de moverse: el asiento se estabilizó, la obra que la provocó terminó. Se puede sellar con material rígido y olvidarse.
Una grieta viva sigue abriendo y cerrando con el ciclo térmico o con el movimiento del terreno, y exige un sellado elástico capaz de absorber ese recorrido, o directamente convertirla en junta de dilatación.
La comprobación no tiene misterio: se coloca un testigo —yeso, vidrio o un fisurómetro graduado— sobre la grieta, se anota la fecha y se revisa al cabo de semanas o meses, procurando que el periodo incluya un cambio estacional. Si el testigo se rompe o el fisurómetro se mueve, la grieta está activa.
Ese control es también lo que pide cualquier técnico en la inspección obligatoria del edificio, donde las fisuras se documentan con fotografía, fecha y medida. Si tu edificio la tiene pendiente, conviene aprovechar la visita para dejar los testigos puestos.

Guía rápida de correspondencia entre lo que se ve en la fachada y lo que está ocurriendo detrás.
| Trazado y posición | Causa habitual | Gravedad | Reparación que corresponde |
|---|---|---|---|
| Diagonal desde la esquina de un hueco | Asiento diferencial o dintel sobrecargado | Alta: requiere técnico | Estudio estructural previo; cosido o refuerzo si procede |
| Horizontal continua en el frente de forjado | Dilatación térmica del canto | Media | Saneado, sellado elástico y refuerzo del encuentro |
| Vertical en paño largo sin junta | Falta de junta de dilatación | Media | Ejecución de junta y sellado con perfil de dilatación |
| Mapa fino ramificado en toda la superficie | Retracción del mortero | Baja | Puenteo con revestimiento elástico y acabado |
| Paralela a una armadura, con óxido y lascas | Corrosión del acero | Alta | Picado, pasivado del acero y reconstrucción del recubrimiento |
La gravedad de esta tabla es orientativa y no sustituye a la inspección de un técnico competente cuando hay indicios de afección estructural.
La reparación correcta depende de si la grieta sigue trabajando y de qué está provocando el movimiento.
Fisurómetro o testigo fechado durante semanas para saber si el movimiento continúa antes de gastar en reparación.
Se abre la fisura, se sanea y se rellena con material capaz de acompañar el movimiento sin volver a romper.
Cuando el paño es demasiado largo, se ordena el movimiento creando la junta que el edificio nunca tuvo.
Sobre mapas de fisuración por retracción: malla embebida y acabado elástico que reparte tensiones.
Grapas o armadura de cosido cuando la grieta atraviesa el muro y hay que devolverle continuidad.
Una vez estabilizada la fisura, el revestimiento devuelve uniformidad y protege del agua.
Medimos su ancho y su evolución y te explicamos qué la está provocando antes de proponer nada.
Fisuración tratada dentro de rehabilitaciones de fachada documentadas. Son intervenciones tipo: describen cómo se resuelve cada caso, no obras con cliente identificado.

Fisuración térmica en todos los cantos de forjado, saneada y sellada dentro de una rehabilitación integral del paramento.
Ver la ficha del proyecto

Grieta diagonal viva controlada con testigo durante un ciclo estacional antes de decidir el cosido.
Ficha en preparación

Sin afección estructural, resuelto con malla de refuerzo y revestimiento elástico de puenteo.
Ficha en preparación
Cuando atraviesa el muro y se ve por dentro y por fuera en el mismo punto, cuando es diagonal y nace en la esquina de un hueco, cuando supera los tres milímetros o cuando crece de forma apreciable en pocos meses. Cualquiera de esos cuatro casos exige la valoración de un técnico antes de tocar el paramento.
Lo ideal es que el periodo de control incluya un cambio de estación completo, porque la mayor parte del movimiento es térmico y solo se manifiesta con el contraste entre invierno y verano. Dos o tres meses dan una primera lectura; seis dan una respuesta fiable.
Para tapar una fisura muerta e interior puede valer. En fachada no: los sellantes domésticos no soportan la radiación ultravioleta ni el recorrido de una junta, y en un año se cuartean o se despegan del borde. El material de fachada se elige por su capacidad de movimiento admisible.
Se puede, pero si la fisuración responde a dilatación térmica aparecerá en el resto del paño en poco tiempo, y el parche quedará visible por diferencia de acabado. Cuando más de un tercio de la superficie está afectada, la reparación conjunta suele costar menos por metro cuadrado.
A la venta y al alquiler, sí, aunque sean cosméticas: el comprador no distingue entre retracción y asiento y descuenta por el riesgo. Un informe técnico que documente el origen y la reparación ejecutada neutraliza buena parte de ese descuento.
La visitamos, la medimos y te decimos si hay que vigilarla, sellarla o llamar a un técnico estructural. El diagnóstico no compromete a contratar nada.