Vender o alquilar sin bloqueos
Sin certificado no se publica el anuncio ni se firma con tranquilidad ante notario.
Para emitir el certificado energético visitamos el inmueble, tomamos los datos reales de la envolvente y las instalaciones, calculamos la calificación y lo presentamos en el registro autonómico.
Del certificado para vender o alquilar al que acredita el ahorro después de una obra: siempre con datos tomados en el inmueble.
Para vender o alquilar una vivienda el notario pide el certificado energético, y la etiqueta debe figurar en el anuncio. Visitamos el inmueble para tomar los datos, calculamos la calificación y tramitamos su inscripción en el registro autonómico.
Un único certificado para todo el bloque evalúa la envolvente completa y las instalaciones comunes del edificio. Resulta útil a las comunidades de propietarios que planean una rehabilitación y sirve de base para el expediente de ayudas.
Antes de rehabilitar conviene conocer la calificación de partida del inmueble. El certificado previo fija la letra actual, propone medidas de mejora para decidir dónde invertir y es la base documental que exigen las subvenciones.
Terminada la rehabilitación, el certificado posterior recoge la nueva calificación y acredita la mejora real conseguida. Es el documento que justifica la actuación y resulta necesario para cobrar las ayudas y cerrar el expediente.
El informe de medidas de mejora compara actuaciones en fachada, cubierta y huecos para ver cuál sube más la letra por cada euro invertido. Ordenamos las prioridades por coste y lo explicamos en claro, sin jerga técnica innecesaria.
El certificado se actualiza al vencer su vigencia o cuando una reforma cambia la calificación del inmueble. Revisamos qué ha cambiado desde el anterior, recalculamos la letra, tramitamos la nueva inscripción y entregamos la etiqueta actualizada.
Dinos para qué lo necesitas —venta, alquiler o ayudas— y organizamos la visita, el cálculo y el registro.

El certificado de eficiencia energética es el documento que asigna una letra, de la A a la G, al consumo y a las emisiones de un inmueble.
Es obligatorio para vender o alquilar, hay que exhibir la etiqueta en los anuncios y sin él no se puede firmar ante notario con normalidad. Desde la última reforma del procedimiento básico también es obligatorio para edificios completos en más supuestos que antes.
En rehabilitación tiene una función añadida y bastante más interesante: es la prueba documental del antes y el después. Las convocatorias de ayudas no subvencionan obras, subvencionan mejoras acreditadas, y la forma de acreditarlas es comparar el certificado previo con el posterior.
Si el certificado inicial se hace mal o con datos por defecto demasiado optimistas, el salto de letra que se puede justificar al final es menor y la subvención baja.
Por eso lo hacemos con visita y toma de datos real, no rellenando el programa con valores tabulados desde el catastro.
Comprobamos composición de muros, carpinterías, sombras, instalaciones y estado de la cubierta. Es el mismo trabajo de campo que hacemos en rehabilitación integral de fachadas, aplicado aquí a la certificación.
El software oficial permite introducir valores estimados cuando no se conoce la composición de un cerramiento. Es legal y es rápido, pero esos valores por defecto son deliberadamente conservadores: penalizan al edificio. Un inmueble que realmente sería una D puede acabar certificado como E o F.
Para una venta puntual da igual. Para un edificio que va a pedir ayudas, no: el porcentaje de subvención depende del salto de letra y de la reducción de demanda acreditada, y partir de un certificado mal calculado distorsiona todo el expediente.
Además, si la administración revisa el archivo y detecta incoherencias, el problema es del propietario.
Nuestro procedimiento incluye visita, mediciones, fotografías de los elementos que justifican cada hipótesis y archivo de cálculo entregado al cliente. Ese archivo es tuyo: si mañana cambias de técnico, no tienes que empezar de cero.


Medición de superficies y alturas, identificación de la composición de fachada y cubierta, inventario de carpinterías y vidrios, registro de puentes térmicos visibles, comprobación de instalaciones de calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria, y análisis de sombras propias y de edificios vecinos. Entre 40 y 90 minutos según el tamaño.
El certificado registrado con su número oficial, la etiqueta energética en formato para anuncios, el archivo de cálculo y un informe con las medidas de mejora ordenadas por relación coste-beneficio. Ese informe es el punto de partida natural de cualquier plan de rehabilitación.
El certificado tiene una validez de diez años, salvo calificación G, que se renueva antes. Si el edificio se rehabilita, el certificado anterior deja de reflejar la realidad y conviene emitir uno nuevo: es lo que permite acreditar la mejora y, en su caso, cobrar la ayuda.
Sin certificado no se publica el anuncio ni se firma con tranquilidad ante notario.
Es el documento que acredita el punto de partida y la mejora conseguida.
El informe de mejoras dice qué actuación aporta más letra por euro invertido.
La calificación explica por qué en tu casa hace frío en enero y calor en agosto.
Referencia orientativa para un bloque de viviendas construido antes de 1979 en clima mediterráneo.
| Situación | Letra habitual | Actuación necesaria para subir |
|---|---|---|
| Edificio anterior a 1979 sin intervenir | E - G | Aislamiento de envolvente completa |
| Con ventanas cambiadas, sin aislar | D - E | Aislamiento de fachada y cubierta |
| Con fachada aislada | C - D | Cubierta y mejora de instalaciones |
| Envolvente completa aislada | B - C | Renovación de equipos y energías renovables |
| Envolvente aislada más aerotermia o solar | A - B | — |
La letra no depende solo de la envolvente: el sistema de producción de agua caliente y climatización pesa mucho en el resultado final.
Con datos tomados en el inmueble la letra sale ajustada y las medidas de mejora sirven para decidir la inversión.
Concretamos la visita en menos de una semana, en horario compatible con la comunidad o el inquilino.
Visita técnica con mediciones, fotografías y comprobación de instalaciones.
Modelado con el programa oficial y obtención de la calificación con datos reales.
Presentación en el registro autonómico de las Illes Balears y obtención del número.
Certificado, etiqueta, archivo de cálculo e informe de mejoras priorizadas.



El paso siguiente cuando el certificado revela dónde se pierde la energía.

La actuación que más letras hace subir en un edificio sin aislar.

La otra inspección obligatoria, que se aprovecha en la misma visita.
Entre la visita y la entrega del certificado registrado suelen pasar de tres a cinco días laborables para una vivienda, y algo más para un edificio completo. El cuello de botella no es el cálculo, es el registro autonómico, que tiene sus propios tiempos de tramitación.
No exactamente. El certificado de edificio completo califica el conjunto; para la venta o el alquiler de una vivienda concreta hace falta el certificado de esa unidad. Ahora bien, si existe el del edificio, buena parte del trabajo de campo está hecho y el de la vivienda sale más barato y más rápido.
El certificado es obligatorio y su ausencia está tipificada como infracción, con sanciones que dependen de la gravedad. En la práctica, lo primero que ocurre es que el portal inmobiliario no admite el anuncio y la notaría hace constar la falta de entrega, con el riesgo que eso supone en la operación.
Un poco, si el certificado anterior se hizo con datos por defecto y ahora se justifican los reales. Eso no es maquillar: es calcular bien. Lo que no se puede es asignar una letra que el edificio no tiene, porque el archivo de cálculo queda registrado y es revisable por la administración.
Lo tramitamos completo, con visita al inmueble y registro incluido. Dinos qué inmueble es y te damos precio y fecha.