Picado hasta acero sano
Se retira el hormigón contaminado rodeando la barra por completo y prolongando el picado hasta encontrar acero íntegro.
La corrosión de armaduras en un edificio a doscientos metros del mar no es envejecimiento: es un proceso químico que sigue trabajando mientras no se corte el paso del agua y la sal al acero.


El hormigón protege al acero por química, no por espesor: su alcalinidad forma una capa pasiva sobre la barra que impide que se oxide. Todo el problema consiste en que esa protección se pierde, y en la costa mallorquina se pierde por dos vías que suelen ir juntas.
La primera es la carbonatación: el dióxido de carbono del aire penetra por los poros y va bajando el pH del hormigón hasta que la capa pasiva deja de existir. Avanza despacio, unos milímetros por década, y afecta a todo el edificio por igual.
La segunda es el ataque por cloruros, mucho más agresiva: la sal que transporta el aire marino atraviesa el recubrimiento y rompe la pasivación de forma localizada, provocando picaduras profundas en puntos concretos de la barra.
La consecuencia es la misma en ambos casos: el acero se oxida, aumenta de volumen y revienta el hormigón que lo cubría. Es la patología que más condiciona los presupuestos en el litoral, y la que ordena todos los trabajos de fachada y cubierta en Mallorca que ejecutamos en municipios costeros.
Entender el recorrido explica por qué dos edificios idénticos se comportan de forma tan distinta según dónde estén.

El oleaje genera microgotas de agua de mar que el viento transporta tierra adentro. La concentración cae con la distancia, pero en una isla con vientos dominantes de componente marino el aerosol llega con facilidad al primer kilómetro de costa, y con viento fuerte bastante más allá.
Los edificios expuestos a la orientación dominante reciben una dosis mucho mayor que los de la fachada opuesta del mismo bloque.
La normativa actual exige recubrimientos mayores en ambiente marino precisamente por esto. El parque de los años sesenta y setenta se ejecutó con uno o dos centímetros escasos, y en muchos cantos de forjado con menos: la sal solo tiene que atravesar ese espesor para llegar al acero, y lo hace en décadas en vez de en siglos.
La corrosión necesita agua y oxígeno. La combinación más destructiva no es la inmersión constante sino el ciclo: la fachada se moja con el temporal o el rocío marino, se seca al sol, y en cada ciclo la sal se concentra un poco más dentro del poro.
Por eso las zonas que reciben salpicadura y sol directo se degradan antes que las permanentemente húmedas.
Además de atacar el acero, la sal daña el propio revestimiento. Al evaporarse el agua, cristaliza dentro del poro y genera una presión que disgrega el mortero y hace saltar la pintura en escamas, dejando ese polvillo blanco característico.
En fábricas de piedra el efecto es aún más visible, y por eso el litoral exige criterios propios de restauración de la piedra cuando la fachada es de marès.
A simple vista solo se ve dónde ha reventado el hormigón, que siempre es menos superficie de la que está afectada.
Antes de definir el alcance conviene medir: profundidad de carbonatación con un indicador de pH sobre una probeta recién extraída, contenido de cloruros en muestras de polvo tomadas a distintas profundidades y localización de armaduras con detector para conocer el recubrimiento real.
Con esos datos se sabe si basta con reparar los puntos abiertos o si la contaminación por cloruros es tan generalizada que reparar solo lo visible garantiza volver dentro de tres años.
Ese diagnóstico también permite decidir si compensa una protección adicional del acero frente a la simple reconstrucción del recubrimiento.
Cuando el hormigón ya ha saltado y hay lascas colgando, la prioridad cambia y pasa a ser la seguridad: eso lo tratamos en desprendimientos de fachada, donde lo primero es sanear y acotar.

La corrosión avanza en fases identificables, y el coste de reparar se multiplica en cada salto.
| Fase | Qué se observa | Estado del acero | Coste relativo de reparar |
|---|---|---|---|
| Iniciación | Nada visible | Sano, con la capa pasiva intacta | Solo protección preventiva |
| Despasivación | Manchas de óxido puntuales | Corrosión iniciada, sección íntegra | Bajo: sellado y protección |
| Fisuración | Fisuras paralelas a la barra | Pérdida de sección leve | Medio: picado localizado y mortero de reparación |
| Delaminación | Zonas huecas y lascas abombadas | Pérdida de sección apreciable | Alto: saneado extenso y reconstrucción |
| Desprendimiento | Armadura a la vista, material caído | Pérdida de sección grave | Muy alto: puede requerir refuerzo estructural |
Las pérdidas de sección relevantes obligan a valoración estructural por técnico competente antes de definir la reparación.
El procedimiento está normalizado y no admite atajos: cada paso que se salta acorta la vida de la reparación.
Se retira el hormigón contaminado rodeando la barra por completo y prolongando el picado hasta encontrar acero íntegro.
Chorreado o cepillado hasta grado de limpieza suficiente y lavado del soporte para arrastrar la sal acumulada.
Imprimación que restituye la protección química de la barra y evita que la corrosión se reactive bajo el mortero nuevo.
Recuperación del recubrimiento con mortero compatible, en espesor suficiente para el ambiente marino.
Revestimiento anticarbonatación e hidrofugante que frena la entrada de agua, sal y dióxido de carbono.
En primera línea, una inspección visual periódica cuesta poco y detecta la siguiente mancha de óxido a tiempo.
Es señal de armadura atacada por cloruros. Lo revisamos y te explicamos cómo se repara bien.
Intervenciones sobre corrosión de armaduras en edificios expuestos al mar. Son intervenciones tipo: describen cómo se resuelve cada caso, no obras con cliente identificado.

Intervención por cuerda sobre juntas abiertas y cantos con óxido incipiente en un edificio en alto frente al mar.
Ver la ficha del proyecto

Picado hasta acero sano, pasivado y reconstrucción con mortero estructural en seis pilares.
Ficha en preparación

Sustitución de anclajes por sistema no corrosible y reconstrucción del borde del voladizo.
Ficha en preparación
No hay una línea exacta. El primer kilómetro se considera exposición severa y los primeros cien metros, muy severa, pero el viento dominante y la topografía mueven mucho esa frontera. En la práctica, cualquier edificio desde el que se ve el mar merece ser tratado como ambiente marino.
Existen sistemas de protección catódica e inhibidores que se aplican sin retirar el recubrimiento, y en edificios singulares tienen sentido. En un bloque de viviendas convencional, el coste y el mantenimiento asociado hacen que casi siempre salga más razonable el picado con pasivado y reconstrucción.
Casi siempre porque el picado se quedó corto. Si no se retira todo el hormigón contaminado y no se rodea la barra por completo, queda acero con cloruros justo al borde del parche y la corrosión se reactiva ahí, en lo que se conoce como efecto ánodo incipiente.
Sirve como protección complementaria cuando el acero está sano: un revestimiento anticarbonatación frena la entrada de dióxido de carbono y de agua. Lo que no hace es detener una corrosión ya iniciada bajo el hormigón, que seguirá avanzando aunque la superficie se vea perfecta.
Una revisión visual anual de cantos, balcones y pilares expuestos es suficiente para detectar las primeras manchas de óxido, que es cuando la reparación aún es barata. Coincidiendo con el repaso previo a la temporada de lluvias se aprovecha la misma visita.
Revisamos el estado real del acero y te decimos si estás a tiempo de una reparación puntual o si el alcance es mayor. Mejor saberlo antes de que caiga material.