SATE en un edificio de 1972 en Es Fortí
Un SATE en un edificio de 1972, construido antes de que existiera exigencia de aislamiento, con moho recurrente en esquinas y cajas de persiana. El problema no era de humedad: era térmico.
- Diagnóstico térmico antes que impermeabilización
- Puentes térmicos resueltos en cantos y persianas
- Obra ejecutada sin desalojar viviendas

Datos de la intervención
Lo que define una obra de SATE en un edificio de esta época y de este tamaño.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Tipo de edificio | Bloque abierto de viviendas, siete alturas |
| Época de construcción | Principios de los setenta, cerramiento sin cámara aislante |
| Estado de partida | Moho en esquinas y cajas de persiana, revestimiento envejecido, consumo alto |
| Alcance | Envolvente completa, cantos de forjado y frentes de caja de persiana |
| Sistema aplicado | Aislamiento térmico por el exterior con acabado mineral transpirable |
| Medios de acceso | Andamio perimetral con red y protección de huecos |
Ficha de intervención tipo: sin fecha, superficie ni datos de la comunidad. El ahorro real de cada edificio depende de su orientación, su uso y el sistema de climatización, y solo se acredita con certificado antes y después.

La comunidad nos llamó por unas manchas de moho que reaparecían cada invierno en las esquinas de las viviendas y detrás de los armarios empotrados de fachada. Habían pintado dos veces con producto antimoho y habían pedido presupuesto para impermeabilizar la fachada, convencidos de que entraba agua.
No entraba. Las manchas aparecían en los meses fríos, siempre en las mismas esquinas y en las cajas de persiana, y no guardaban relación con los temporales.
Ese patrón es de condensación: el aire caliente y húmedo de la vivienda toca una superficie fría —el canto de forjado, la esquina, el frente de la persiana— y suelta el agua ahí. El origen no está fuera, está en la temperatura de la cara interior del muro.
Con ese diagnóstico, impermeabilizar la fachada habría sido gastar el presupuesto entero sin tocar la causa. La solución pasaba por subir la temperatura superficial del muro por dentro, y la manera de hacerlo sin perder metros útiles ni desalojar viviendas es aislar por el exterior.
Antes, durante y después
El montaje de un SATE se ve poco cuando está terminado, así que el proceso es la parte que conviene documentar.



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Cómo se ejecuta un SATE en un bloque habitado
La dificultad de esta obra no está en pegar placas: está en resolver los encuentros y en convivir con setenta personas viviendo dentro.

1. Comprobar el soporte y decidir la fijación
El sistema se adhiere y se fija mecánicamente, así que lo primero es saber si el revestimiento existente aguanta. Se percute la fachada, se retiran las zonas huecas y se regulariza lo que haga falta.
En soportes con dudas se aumenta la densidad de espigas en lugar de confiar en el adhesivo, y en las plantas bajas se refuerza con zócalo resistente al impacto.
2. Resolver los puentes térmicos, que es de lo que va la obra
Un SATE mal rematado en cantos, jambas y cajas de persiana deja el puente térmico intacto y con él vuelve la condensación.
Se envuelven los cantos de forjado, se aíslan los frentes de persiana, se retornan las jambas de ventana con placa de menor espesor y se resuelven los encuentros con la carpintería.
Ese detalle es lo que separa un aislamiento que funciona de uno que solo cambia el aspecto de la fachada; lo desarrollamos en la página del sistema SATE.
3. Malla, regularización y acabado transpirable
Sobre las placas van la capa base con malla embebida, los refuerzos en diagonal de las esquinas de hueco —donde siempre aparecen las fisuras— y el acabado.
Se eligió un revestimiento mineral por permeabilidad al vapor: el sistema tiene que dejar salir la humedad que genera la vivienda, no encerrarla.
4. Convivir con el edificio ocupado
Se trabaja por fachadas y por franjas, con protección de huecos, avisos de fase a cada vecino y horario acordado. La obra no obliga a desalojar ni a entrar en las viviendas, salvo para comprobar el estado de las cajas de persiana.
Ese es uno de los argumentos que más pesa en junta frente a un aislamiento por el interior, que además haría perder superficie útil en cada vivienda.
Qué cambia de verdad cuando se aísla por fuera
Lo primero que nota el vecino no es la factura: es que la esquina del salón deja de estar fría y que el moho no vuelve el invierno siguiente. Con la cara interior del muro por encima del punto de rocío, la condensación desaparece por sí sola sin productos antimoho ni ventilación forzada.
Lo segundo es la temperatura de verano, que en Mallorca pesa tanto como la de invierno: la masa del muro queda protegida de la radiación y el sobrecalentamiento de las horas centrales baja de forma apreciable.
Y lo tercero, la fachada queda renovada en la misma obra, así que el coste no se suma al de pintar, lo sustituye.
El salto de letra energética se acredita con certificado antes y después, que es además lo que exigen las convocatorias de ayudas a la rehabilitación para justificar la mejora. Trabajos como este son los que definen a los especialistas en fachadas de Mallorca frente a quien solo aplica producto.

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